La eterna pregunta del candidato: ¿cuándo lo anuncio? El momento exacto no existe. La política no es ciencia matemática ni pueden aplicarse recetas universales. Acertar o no depende de factores personales, ambientales y de coyuntura política. Y de antemano, nunca puede saberse si la decisión tomada es la correcta.
Una primera respuesta a la pregunta de cuándo se hace el anuncio público podría ser: ni demasiado pronto ni demasiado tarde. Tampoco nos resuelve la incógnita, aunque al menos ya nos pone sobre la pista de que no hay que precipitarse, si bien dejarlo para última hora puede suponer no llegar tiempo.
El último ejemplo de cómo manejar los tiempos para anunciar una candidatura lo hemos podido ver con el exministro Salvador Illa y su irrupción en las elecciones catalanas. La oposición en bloque ha criticado el momento y, sobre todo, la idoneidad dada las circunstancias del país. Polémicas aparte, y sin entrar en consideraciones sobre lo acertado o no de la estrategia política, lo que es seguro es que tras ese anuncio ha habido horas de investigación, de análisis y de reflexión. Y, a la postre, ha resultado el candidato más votado.
La mayoría de las veces los adversarios políticos esperan el anuncio de un candidato para lanzar la ofensiva y derribarlo. Apresurar el lanzamiento de la candidatura puede entrañar un riesgo, aunque hay que separar vivamente el momento de anunciarlo públicamente y el comienzo de la preparación, del trabajo interno. Y esto último sí que es cuanto antes. El caso de Illa en Cataluña es un patrón de estrategia política, modelo de cómo se estaba trabajando en la candidatura mucho tiempo antes de que ésta se hiciera pública.
El psicólogo y consultor Daniel Eskibel opina que hay que comenzar a trabajar una candidatura “cuanto antes” y esperar “el momento oportuno” para hacerla pública con el fin de no ponerla en riesgo. “El candidato debe hacerse público cuando en la sociedad (o partido) llegue el momento de hablar de eso”.
En esta línea ya se pronunció Joseph Napolitán, conocido como el padre de la consultoría política, cuando en su obra de referencia, 100 cosas que he aprendido en 30 años de trabajo como asesor de campañas electorales, afirmaba: “Hay que empezar pronto. Nunca se empieza a preparar una campaña demasiado pronto. Empezando pronto se tiene tiempo para hacer y analizar encuestas, estudiar a los adversarios y sus probables movimientos en profundidad, diseñar y discutir varias estrategias posibles, elegir los mejores especialistas para trabajar en la campaña y preparar psicológicamente al candidato. Cuando se empieza tarde, no se tienen que hacer menos cosas, sencillamente se tiene menos tiempo para hacerlas”.
Las campañas electorales, también las primarias, son procesos de seducción a la persona que tiene que emitir su voto. Y en este cortejo, el ritmo, la velocidad y las pausas para conseguir un determinado efecto son esenciales. La administración de los tiempos en política se denomina timing, y es determinante en la estrategia.
El uso del tiempo es clave y explica en gran medida el fracaso o el éxito de una campaña. Para el sociólogo Ricardo Paz, “tenemos que ser capaces de prever todo lo posible y, por otra parte, de responder con prontitud y eficacia a lo imprevisible. Antes el pez grande se comía al pez chico. Ahora, sin duda, que es el pez veloz el que se come al pez lento”.
El timing es una parte esencial de la estrategia global de la campaña y es importante tenerlo en cuenta en la exposición pública del candidato. Según Napolitán, quien reconocía que era “difícil” acertar con el timing, una campaña temprana de imagen puede ser vital para un candidato desconocido mientras que, para un candidato muy conocido, puede ser un derroche sin sentido.
Si este tema te interesa, escribo tres correos a la semana en los que analizo cuestiones de comunicacion política e institucional.
Campaña en 4 etapas
Ahora las campañas políticas son permanentes y, como su propio nombre indica, no se tienen salvo la noche de las elecciones para arrancar en el nuevo escenario al día siguiente. La campaña electoral, sin embargo, sí está delimitada en el tiempo y entran en juego muchos factores, por eso Eskibel opina que “hay que empezarla lo antes posible, también antes que los adversarios”.
El psicólogo divide en cuatro etapas el proceso entre elecciones para extraer, posteriormente, el mejor momento para iniciar la campaña electoral, que no la campaña política.
La fase de adaptación comprende desde que se conocen los resultados de la elección hasta el cumplimiento de los 100 primeros días del nuevo gobierno. Es un momento en el que el ganador tiene que priorizar la gestión y el perdedor analizar la derrota.
La fase de posicionamiento comprende del día 101 al 37% del tiempo total entre la elección anterior y la siguiente. Es tiempo de construir un sólido posicionamiento político que ayudará al futuro candidato y para ir pensando en el próximo jefe de campaña y en el consultor político.
La fase de preparación comienza cuando ya ha transcurrido el 37% (18 meses) y consiste en nombrar al equipo, investigar, presupuestar, diseñar el plan estratégico, reorganizar la vida del candidato y, en definitiva, ponerlo todo en funcionamiento.
La fase de ejecución comienza a partir del 80% del ciclo electoral, es decir, los diez meses finales en un ciclo de 4 años. Y, ahora sí, es el momento de poner en práctica todo lo preparado.
A la vista de esta división, Eskibel recomienda comenzar a preparar las campañas 2 años antes porque permite llegar a la fase 4 de ejecución con toda la maquinaria a pleno rendimiento. “Las mejores campañas en las que he participado -asegura- comenzaron a prepararse entre un año y medio y dos antes”. Sirva de referencia que primera reunión que mantuvo Barak Obama con los consultores David Axelrod y David Plouffe para comenzar a preparar su campaña presidencial fue el 8 de noviembre de 2006. Exactamente 2 años antes.
Pero, volviendo al principio, no hay matemáticas que valgan. En el mundo de las campañas hipersegmentadas, donde manda el big data y la mayoría de las decisiones se toman en función de unos datos conocidos, Napolitan nos recuerda que, a menudo, el timing es “instintivo”. “En esta era de campañas computerizadas es bueno saber que el juicio humano aún juega un importante papel en las campañas”.








