La gestión de la crisis implica comunicación. Los mensajes impactan de manera muy especial en estos momentos, y los líderes políticos e institucionales tienen que asegurarse de que sus palabras convencen y transmiten confianza.

La palabra tiene poder, y en momentos de crisis cobra más valor. Estos días los líderes deben dirigirse a la población para comunicar determinados mensajes, y dependiendo de cómo sea ese discurso, intervención o entrevista, así habrá resultado más o menos eficaz la comparecencia.
En las crisis existe una hipersensibilidad y, por tanto, todo tiene que estar muy bien medido. Una palabra de más, o una de menos, puede tener desagradables consecuencias y no conseguir el objetivo fundamental de un discurso: convencer y generar confianza.
En estos inciertos momentos, la población se encuentra bajo un fuerte impacto emocional, económico y personal, y por ese motivo, en la gestión de una crisis no se puede dejar de lado o menospreciar la comunicación como, de manera inverosímil, están haciendo algunos dirigentes políticos. La gestión hay que comunicarla y la comunicación tiene que ser eficaz. No hay otro secreto.
Nos recuerda Manuel Campo Vidal durante estos días de confinamiento que cuatro palabras pronunciadas en las vísperas de las elecciones del 15 de junio de 1977 por Adolfo Suárez, “puedo prometer y prometo”, resultaron un potente activador de la confianza de la población española.
Para este comunicador, un buen discurso ha de ser pensado, escrito y ensayado porque, de cómo sea esa actuación final, habremos tenido éxito o no. Y para que la comunicación sea eficaz, la fuerza de la palabra necesita el contrapoder del silencio, el refuerzo de las emociones y el acompañamiento de la escucha.
Hablar por hablar nunca ha tenido sentido, y ahora aún menos. En tiempos de crisis, los mensajes impactan en la sociedad, en la economía y en las relaciones humanas. Por ese motivo, cuando un líder político se dirige a los ciudadanos, no puede olvidar que esa comunicación tiene que ser eficaz para alcanzar el efecto deseado.
Algunas recomendaciones para que el discurso de líderes políticos sea poderoso:
- Hablar mucho no es una comunicación efectiva. Di todo lo que puedas en el menor tiempo posible, y si es en menos de 15 minutos, mejor. Habla lo justo, sobre todo si no eres buen orador, y deja que los demás también hablen.
- Escucha con humildad. Si a las personas que hablamos les damos la oportunidad de que nos hagan observaciones estaremos fortaleciendo nuestra comunicación con esas aportaciones.
- Pregúntate para qué das un discurso o por qué te estás dirigiendo a los ciudadanos. Aunque parezca increíble, a veces nadie lo tiene claro, ni si quiera el que está hablando. Céntrate en un solo mensaje, en dos como mucho, y desarrolla todo el contenido en torno a esas ideas.
- Muestra seguridad en lo que estás diciendo, sólo así podrás generar confianza. Para eso es importante tener preparado con antelación lo que vas a decir.
- Elige muy bien las palabras y sé preciso para evitar confusiones o malos entendidos. Emplea una estructura simple (introducción, nudo y desenlace o problema-solución), un lenguaje sencillo y usa términos como esperanza, concordia, superación.
- Emplea pocos datos y envía a los medios de comunicación por email el cúmulo de información que sostienen las decisiones adoptadas. Los datos sobran en una comunicación que sea empática.
- Evita noticias que sean falsas o decir aquello de lo que no estés complemente seguro que vas a poder cumplir. Rectificar y dar marcha atrás sólo consigue aumentar la incertidumbre y te deja en muy mal lugar como líder responsable y al mando de la situación.
- Procura que tu comunicación no verbal sea impecable. Aunque estés guardando el confinamiento, cuida tu imagen. Aparece erguido y muestra una expresión facial seria pero a la vez serena y amable.
- Abandona los discursos grandilocuentes, los sermones y la retórica hueca. Si te decides por alguna apelación a la épica, que sea en pequeñas dosis y con el objetivo de mantener la moral de quienes te están escuchando.
- Conecta con los problemas de la gente y habla sólo de lo que preocupa a los ciudadanos porque, de lo contrario, te verán como a un extraterreste. Tus intereses políticos pueden esperar.
Estos días el primer ministro de Canadá, Justin Trudau, está mostrando las habilidades comunicativa que adquiririó durante su etapa de docente antes de dedicarse a la política. No es obligatorio ser Trudau ni comunicar con semejante elegancia, pero tampoco está demás aprender y disfrutar de sus discursos breves (minuto y medio), magistralmente interpretados, en el que parece no sobrar ni faltar una palabra.
Sin comunicación no hay gestión de crisis, y no se puede mostrar un liderazgo creíble y solvente. En consecuencia, es obligación de todos los políticos tomarse en serio cómo comunican a los ciudadanos en estos delicados momentos.
Un último consejo: sé lo más brillante que puedas para que la percepción que los demás tengan de ti sea lo más alta posible.