Consultora de Comunicación

¿Por qué votamos?

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on whatsapp
WhatsApp

En la era de la inteligencia artificial, el big data y el blockchain, estamos manejando la información y las tecnologías sin haber evolucionado, con un cerebro de la edad de piedra. Las campañas electorales ahora son sofisticadas, prevaleciendo la aplicación de un marketing político avanzado para el tratamiento de los datos personales y el envío de propaganda política personalizada por medios electrónicos. Pero para convencer una persona no basta con tenerla registrada y conocer sus rasgos sociodemográficos. También hay que saber qué es lo que mueve a un elector a emitir su voto.

A la hora de planificar una campaña electoral, las estrategias, las tácticas, los líderes y los partidos entierran lo verdaderamente importante: el votante. Conocer qué lleva a una persona a votar puede resultar clave en el éxito de los partidos. En la actualidad, los electores son menos previsibles que hace tan sólo unas décadas. El declive de la afiliación y de la influencia de los partidos políticos, el aumento del voto independentista, la volatilidad del electorado o una tendencia más acentuada hacia la abstención atestigua un nuevo electorado al que los partidos tienen que convencer.

Igual que en una guerra hay que conocer al enemigo para poder enfrentarse a él con garantías, para los partidos y los candidatos es una obligación saber quiénes son sus posibles votantes y cuáles son sus motivaciones. Manuel A. Alonso y Ángel Adell detallan en su libro Marketing político 2.0 los factores que mueven a los electores a emitir su voto. Y en esa colección de razones por las cuales una persona opta por acudir a las urnas, los autores consideran que las emociones adquieren un gran peso y, por tanto, “constituyen un elemento muy importante que se ha de tener en cuenta a la hora de definir las estrategias electorales de los partidos políticos”.

Voto por ideología

A muchos políticos es necesario recordarles que los ciudadanos no viven pendientes de la política, sino de su propia vida. Hasta las personas más politizadas dedican la mayor parte de su tiempo y de su interés a sus cosas. Y, sin embargo, en las organizaciones políticas tradicionales aún tienen muy presentes que la componente ideológica que divide al electorado entre progresistas y conservadores es decisiva en el voto.

Las investigaciones afirman todo lo contrario. Las ideologías, sobre todo en los jóvenes, apenas influyen en el voto. La principal motivación en este sentido es apoyar aquellas opciones que mejor den respuesta a los problemas y necesidades de los votantes.

Voto por partidos políticos

Al igual que en las ideologías, la lealtad a un partido político tiene cada vez menor influencia en la decisión del voto. Ciudadanos sin vinculación ideológica ni partidista son los que permiten el trasvase de votos de una elección a otra o que partidos de reciente creación puedan obtener importantes resultados electorales.

Voto por programas de gobierno

Hasta hace unos años, los partidos políticos gastaban enormes sumas en la elaboración y difusión de programas electorales que a penas sí se diferenciaban de los adversarios, un esfuerzo que se ha relevado inútil ya que son pocos los ciudadanos que dedican su tiempo a la lectura, análisis y comparación de las propuestas. Las nuevas tecnologías están permitiendo ahora la personalización de los mensajes, hasta el punto de que los electores pueden recibir propuestas a la carta, a la medida de sus intereses y necesidades. Son programas personalizados que sólo recibe la persona a la que va dirigida.

Mientras no se haga participe a los ciudadanos en su elaboración, Alonso y Adell consideran que el programa político es inútil a efectos electorales, y aún siendo vitales para la democracia, “no mueven votos”.

Voto por campañas de comunicación

Los partidos, tal como fueron creados en a finales del siglo XIX y su posterior evolución tras la II Guerra Mundial, cumplían una función de intermediarios entre los valores, las ideas, los programas y la sociedad. Los medios de comunicación, sobre todo la televisión, y las redes sociales han sustituido a los partidos, han transformado la política y han convertido a los políticos en parte del espectáculo audiovisual. En opinión de Alonso y Adell, los productos audiovisuales “sí tienen una importancia decisiva” en el voto, y, por tanto, las acciones electorales quedan relegadas a meras actuaciones de marketing.

Voto por presupuesto del candidato

Las nuevas tecnologías y las redes sociales han rebajado las exigencias económicas de las campañas, y ya no es necesario un presupuesto muy elevado, sobre todo para campañas locales y regionales. No obstante, una campaña bien dotada económicamente ofrece mayores posibilidades, por lo que si se dispone de pocos recursos es necesario ampliarlos realizando, por ejemplo, una campaña financiera.

Voto emocional

El comportamiento político no atiende a criterios racionales. El componente emocional ha sido siempre el gran olvidado de las campañas electorales y, sin embargo, es el que puede hacer que unas elecciones se ganen o se pierdan. El consultor Luis Arroyo afirma en su libro El poder político en escena que el ciudadano “estudioso, frío, calculador, equilibrado, desapasionado, no es el ciudadano normal”. Más bien “buscamos la información que está en línea con nuestras opiniones, la interpretamos como nos interesa y recordamos más lo que es coherente con nuestros juicios”. El efecto suele ser, según Arroyo, que “de un debate racional sobre asuntos públicos, con argumentos a favor y en contra, salimos más polarizados de lo que entramos” según han constatado sistemáticamente los investigadores.

La política suele despreciar las emociones y considera que lo importante son las ideas y las propuestas. Nada más lejos de la realidad, como pone de manifiesto Antoni Gutiérrez-Rubí en su libro Gestionar las emociones políticas. “Creer que las emociones son algo superficial y banal es un grave error porque así no funciona nuestro cerebro. Nuestro cerebro es profundamente emocional, y acabamos pensando lo que sentimos”.

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on whatsapp
WhatsApp

Suscríbete al Blog

Más artículos publicados

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *